Ya no fluye, se paró. Ya no cantan, los pajaritos digo, porque se cerraron por el viento, aquel que me aviso que me iba. Las cosas ya no son como eran, las cosas han cambiado, pero aun no han terminado su transformación. Todo se ha parado, y vivimos en standby. Elecciones y decisiones marcaran los dias y el camino donde establecer la rutina que espero, que nunca canse. Pero ahora, los ojos estan cerrados.

Todo se ha parado. Pero el mundo sigue girando, y nosotros, con él, aunque no queramos. Estrés por el cambio, ansiedad por la calma, nervios por la ignorancia y malestar por mi. Porque cuando pedimos cosas, no nos las dan tal y como las pedimos, sino que nos dan otras diferentes pero con la misma enseñanza, lección y significado, ya que saben que nuestro lenguaje no es del todo correcto, a la hora de pedir, me refiero. Y esto es lo que pasa, que se pide algo, y luego cuando lo tenemos, no sabemos que hacer con ello, y entonces, nos collapsamos. Pitidos en los oidos, nubes en los ojos, y articulaciones como flanes, aquellas que un dia bien disfrutaron el ajetreo, pero hoy no, hoy, se derriten. La lengua se congela, los dientes duelen y los pies arden. Arden de tanto esperar. Y entonces sólo respiramos.

Es éste momento el deseado,  aunque el que más miedo provoca entre los humanos. Hablo de ésta inmovilidad sabia, que nos hace ver hacia dentro, y nos olvidamos de todo lo de fuera. Es ésta postura dentro de ésa situación en la que nada más importa sólo que la respiración. Y miramos hacia dentro. Probablemente nos asustemos, ya ue es algo desconocido. Pero ésta es nuestra guía, la que nos chivará un adelante, que todo va bien y nos dejará ir. Pero todo esto sólo pasa cuando nos atrevemos, cuando aceptamos quienes somos, cuando verdaderamente se supera el peor miedo, el de escucharnos a nosotros mismos.

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