Cuando te pones la chaqueta y coges el bolso para salir de casa, nunca sabes que te vas a encontrar, a quién o qué vas a descubrir. A veces la gente se olvida de lo más básico que tenemos los humanos; hablar. Por miedos, prejuicios y verguenza nos perdemos tantos momentos y personas interesantes.. Que ojalá lo supierais. Y esque siempre nos han enseñado que “no se habla con desconocidos” y por mucho que nos hagamos mayores, esa frase la tenemos bien adentro, por desgracia.

Es maravilloso poder crear conversaciones de segundos, minutos y cenas enteras con desconocidos que lo único que iban buscando era pasar una buena velada y mira por donde, que se encontraron con una camarera que le fascinaba lo desconocido.

Es un misterio para mucha gente el poder descubrir ciertas partes de nosotros mismos a personas que acabamos de conocer. E incluso es algo un tanto atrevido contarle tus inquietudes a alguien, que acaba de llegar. Pero yo hace tiempo que olvidé los prejuicios y que aparté el miedo a un ladito para poder descubrir y saborear los pequeños regalos que nos aporta la vida, y que tanto nos perdemos.

Aposté por conversar. Me atreví a interrumpir su velada por que sí, sin ningun razón, a priori. Aposté por dejarme llevar.

Y me sorprendí. Me sorprendí una vez más al ver lo que esconden esas cenas.

Texas.

Conversamos, nos disparamos opiniones y reflexiones que quizá nadie nunca supo de su existencia. Nos dejamos llevar.
Se fue pero volvió y volvió con agradecimiento. Se atrevió a interrumpir mi trabajo. Y que grata sorpresa aquella, cuando con sus dos manos apretó las mias y susurró las magnificas palabras que algun dia serán mi bandera.

Gracias.

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