Que no, que no voy a cambiar. Que no me mires así, que voy a seguir vistiéndome de mi emoción preferida. Aunque te canse. Aunque te agote. Aunque te rabie. Que yo quiero sonrisas fáciles y berbenas para desayunar.  Y tú me pides que baje la voz, que la vida es complicada, y hay veces que hay que ponerse serios. Que no, que no voy a cambiar.

Que me importa un pepino lo complicada que sea tu vida, o lo seria que te la tomes. Que me da igual lo responsable que parezcas y lo duro que piensas que debes ser, porque así, te han enseñado. Que me resbalan completamente tus ansias de control y estabilidad. Que no quiero que me cuentes tus horarios, ni que me expliques tus listas de la compra. Que no me importa tu fiel marca de desodorante, ni qué harías si tuviéras miles de billetes en tu bolsillo. Que yo no quiero saber las tres caras que tienes colgadas en la entrada, y que vas eligiendo cada día, dependiendo del pie con el que te hayas levantado. Que a mi me importa una calabaza todo lo que se tenga que clasificar en la dualidad del bien y del mal, de lo correcto y de lo incorrecto, de tu casa o la mía.. ¿por qué no puede ser ahí? ¿En medio del parque?

Escúchame bien. Agárrate fuerte a la silla. Que a mi me importa una mierda tu promesa de quererme toda la vida. Que yo lo que quiero es erizarte la piel. Quiero perderme en tus pestañas hablando de ese sueño que anoche, hizo que creyeras que era un oso. Quiero que me hables a mi, que me sientas. Quiero fundirte los labios a versos, cada mañana que salga el sol y tengamos algo que celebrar. Quiero rajarte los bolsillos para que pierdas el miedo a ser rico, y que de una vez por todas, puedas venirte a volar conmigo. Que yo lo que quiero es hacerte temblar en la atracción de la vida, cogerte fuerte de la mano y soltarte cuando menos te lo esperes para que así, sientas el vacío, y disfrutes. Porque yo quiero que disfrutes de mi. Pero házlo. Piérdeme el miedo. Quítame la coleta y enfádate conmigo porque hoy no he cumplido el cupón de besos.

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Yo quiero jugar con tus miedos, pasear con tus fantasías y vivir tus sueños. Agarrárte fuerte de las orejas y correr, hacia donde menos conozcamos, para así poder perdernos y poder saborear bien tu sonrisa. Porque tú cuando eres tú, vales un huevo.

Ya, entiendo. Es que tu tienes unos horarios que seguir, un trabajo que realizar, una familia que atender, una nariz que limpiar, una casa que crear, un cuerpo que vestir, unas facturas que pagar, unos compañeros que mantener y unas posturas que guardar. Que si, que yo te entiendo.

 

Pero que no, que yo no voy a cambiar.

 

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