Me golpeó. Me golpeó otra vez, como es ahora de costumbre.

Tu mirada, cuando no sabe que hacer, cuando se esconde, cuando ya no ríe. Tus brazos cuando ya no me buscan, con razón, respetando mis aires de independencia. Tus suspiros, profundos y largos, intentando diferenciar tus sentimientos para no equivocarte al cortar el cable rojo. Me golpearon también tus palabras.

Me abasalla la incertidumbre y tus pocas ganas de aceptar. Me paralizan mis latidos cuando se rebelan contra mi, y no me hacen ni caso. Pero esque el otro dia me dolió tanto. Me dolió que lo hicieras normal. Nunca tu sinceridad irónica me había sorprendido tanto, tanto hasta tal punto de parar el funcionamiento de mis pulmones. Y que no, que ya está bien.

[…]

Se me olvidó decirte que a veces te extraño. Que yo hace tiempo que ando sin el comodín de tu mirada. Que yo hace meses que dejé de buscar calor en tu aliento, incluso me puse los guantes, porque después de tanto tiempo, empecé a sentir el frío. Grietas en mis pantalones me decían que las cosas no iban bien, y tuve que coger el primer salvavidas para que ésta vez, no fuera el último mono. Y tu seguías trabajando. Pero han ocurrido tantas cosas en mi interior, que ya no se ni por cual empezar.

Se me olvidó contarte que cuando duermes, empiezo a sentirte. Se que tus pupilas no despertarán el miedo al cambio, ni que tus neuronas aprovecharán para establecerse otra vez. Ni si quiera tu corazón me ve, cuando te siento, porque cuando duermes, él no me escucha, o eso quiero creer. Te susurro lo mucho que te quiero. Vuelvo a saludar a los guardianes de tu piel, haciéndolos cómplices de mis caricias. Y vuelvo a repasar uno por uno tus puntos de maravilla. Incluso me columpio en el remolino de tu pelo, dejándome recordar cuántas vueltas le di para que me hiciera caso.  Me paseo por tu espalda, escribiéndote que sigo aquí, y que me gustaría que me entendieras.

Hay veces que no me atrevo a abrazarte. Porque no se que será de mi si dejo de pensar.

Hay veces que me da miedo mirarte, porque tus ojos reflejan lo que tuvimos y somos, y ni si quiera me dan tregua para cambiar.

Pero nada comparado a la sensación de rozarte. Rozarte y que pases de largo. Porque yo lo elegí. Rozarte y que me recuerdes por qué estamos así. Rozarte y que me enfade sin motivo alguno intentando encontrar explicación a mi frustación de quererte y no poder quedarme.

Ojalá algún dia pudieras verme.

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