Qué bonitas las luciérnagas cuando suben por tu espalda avisándome que ya es primavera.

Borracha de sueño, y no hay más. No podría explicártelo de otra manera. Podría decirte que me cansa la situación pero que no me atrevo a mover un dedo por el miedo al desastre, de nuevo. Podría decirte también que me gusta verle, y que me sonría a escondidas. Me gusta esconderle a la gente lo mucho que me haces reír. También te diría que me agobia la cabeza por tanta presión educacional y por tantos “tendría que..”. Es increible las tantas estrategias que nos inventamos para mentirnos a nosotros mismos. Pero realmente es mentir cuando eres conciente de la mentira, y la sigues utilizando?

Diria que no.

También diria que estoy idiota por dejar que ésta presión no me permita hacer la siesta. Pero que te voy a decir, para idiotas ya están tus palabras, las que se quedan en el intento de dolerme, y ya no, ya no duelen. Borracha de sueño. Delirar sin control y reírme de mí misma. Cerrar los ojos, darle al play y sentir.

Qué bonito el erizo cuando nos pilló desprevenidos queriéndonos comer las horas.

No es falta de tiempo, es mal manejo de éste. Ya lo tengo asumido, pero no me conformo, estoy en ello. Disfruto de él cuando se ríe de mi y me dice que se está acercando la hora, y yo le digo que a mi las horas no se me acaban, a mi me empiezan cada vez que quiero entrar en una nueva aventura, y dios, hoy ha salido el sol, y voy a salir a pasear.

Sigues diciéndole a la gente que te espero en casa. Y yo ya hace tiempo que empecé otro libro. Pero aquí estaré, ni yo sé hasta cuando, pero estaré para escucharte, si algun dia decides dirigirte a mi. Igual te sorprendes. Igual ni si quiera te interesa mirarme. Tampoco me sorprendería.

Una voltereta hizo que me acercara tanto a tu pelo que casi se me olvida lo cerca que quedaba tu sonrisa de la mía. Dedos fríos que esconden el calor que provocas cuando aprietas tus labios tan fuerte que no sabemos distinguir entre tu o yo. Niego cualquier tipo de implicación con tus ojos, si de rendir cuentas va la cosa. Ahora si, la vida que se descubre entre tu ombligo y mis manos no quisiera contártela, no vaya a ser que nos perdamos.

Qué bonitas mis palabras cuando ya salieron de corazón, sin manchas de tinte negro, de aquel que me echabas, cuando no tenías otra cosa que decir.

 

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