Como las flores en primavera.

Era de esperar que viniera.

[…]

Es muy sutil, y llega sin preaviso. Va aumentando de intensidad sin que te des cuenta y va afectando cada célula de tu cuerpo sin que puedas contraatacar. Es muy inteligente.

El corazón empieza a bombear la sangre a un ritmo inhabitual, el cual encadena una série de suspiros incontrolados que van bloqueando cada oportunidad de calma. Tu cabeza no es consciente, y eso es lo peor. Tu humor decide cambiar de color, y piensas que es aquél o aquella los que te hicieron rabiar por que no les trajiste la carne bien hecha. Pero no, todo viene de ti, pero tú no das cuenta. La sangre corre más rápido que de lo normal, porq ue la temperatura va aumentando pasito a pasito y la quema, y corre, intenta escapar, pero es un circuito cerrado, nunca lo lograría, y se frustra. La frustración aparece y te preguntas porqué, si tú estabas bien hace dos minutos.

La respiración no avisa, y va golpeando cada vez más fuerte el diafragma, impidiéndote pronunciar palabra. Tu cabeza empieza a darse cuenta que algo va mal, pero la mecha ya está encendida, y entonces es ella cuando empieza a hablar. Es su momento, su maldito momento. Te reprocha, con su tan querida ironía, todo aquello que pueda herirte lo más mínimo en ése momento. Y aunque hagas por no escucharla, ella se apoderó de los guardianes de tu mente y cogió el megáfono principal de tu cuerpo, y estás jodida. Y sigue hablando, con toda seguridad que parece hasta real.  Falta de aire, lágrimas suicidas, bloqueo emocional, y mucho mucho miedo. Que no, que no puedo hacerlo.

[…]

Hay que ver todas las veces que la he dejado ganar o mejor dicho, que me ha ganado. Hay que ver todas las veces que no he sido consciente, y ha conseguido entrar por completo en mi mente y coger el control, hasta tal punto de bloquearme y dudar de mi misma.

Pero ésta vez no la he dado ése placer. Ésta vez la pillé a la primera, y la vi venir. Ésta vez supe escucharla, darle el tiempo para establecerse, pasearse por mis rincones y demostrarle que ya no hay nada que hacer. Que puedes venir, pero no para quedarte.

 

Puede ser que la conozcan, algunos la llamamos la loca, la mayoría de la gente la llama Miedo.

 

 

Fotografía: Felicia Simion

Anuncios