A veces me gustaría contarte cómo me siento.

***

La piel se irrita cuando roza tus palabras con ira, y siento no poder expresarme en ése momento, pero mis manos se congelan sin avisarme, y pierdo el calor que me inunda cuando las endorfinas reinan en mi cuerpo. Mi corazón cierra con llave y envía un mensaje cifrado al jefe de los circuitos, advirtiéndole de su estado de alarma. Hay veces que intento hablar con los dos, para explicárles que no son ellas, soy yo.

Las ganas de gritar se encienden y si lo permitiera soltaría la cuerda de las emociones que no me dejan dormir. Pero estoy aprendiendo a no soltar, sino coger más flojito, y que tengan un margen para bailar. Para que mentirte, me encantaría poder soltarlas sin importar lo que venga después.

Pero no sería justo.

Ni adecuado.

Entonces sigo haciendo lo que las otras mayoría de veces hago, y les doy la aspirina mágica para dormir; calladita estás más guapa.

[…]

Me enerva tener un color diferente. Me enfada no poder expresarme con libertad. Me angustia veros y ver cómo permitís a ése caparazón cabezón y rígido que os controle. Me entristece encontrar cada vez más. Con lo bonitas que sois puras y naturales.

Me gustaría volver a casa.

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Sé que soy yo y mis cosas. Sé que no tendría que molestarme. Pero mis venas arden de tristeza y mis ojos piden liberarse. Y me encantaría contártelo, pero a veces me pregunto si tengo el derecho a pedirte algo que no estoy segura que yo misma pueda darte. Y el silencio es tan sabio que me aferro a él pidiéndole calma y comprensión, respirando para airear mis pulmones y que vuelvan a su estado normal.Que me canso de que me marquéis siempre con un dedo y que intentéis controlarme con golpecitos de atención. Me agobia que no me respetéis aun sabiendo que actúo de una manera no convencional, y por lo tanto, os sorprende, os asusta, y lo rechazáis. Y lo peor de todo es que sé que me véis a través de mi cultura inquieta, sé que me respetáis cómo nadie aguantando mis rebotes. Sé que estáis educadas así, y que debería valorar el gran esfuerzo que hacéis por tan sólo regalarme sonrisas cada mañana.

Y os pido perdón. Os pido disculpas por mis maneras de andar por los pasillos. Por mis ganas descontroladas de mostraros mi mundo. Perdón, por no saber medir mis palabras cuando más lo necesitáis y por no poder ser normal cuando me lo pedís sin hablar. Os pido perdón por mis chispas que nadie entiende, por mis ridículos buscados, por mis nervios inexistentes, por mi sonrisa incandescente y por mi mirada diferente.

Hoy os pido perdón. Mañana os diré que ha sido un placer. Un placer compartir mi locura con vuestras creencias, compartir mis divergencias con vuestras manos tradicionales , compartir mi luna con vuestro sol y mostraros que estamos todos en el mismo barco, pero sólo hacer falta girar un poco más la cabeza, y ver allí, dónde nadie mira.

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Besos que rompen espacios de intimidad, abrazos que cortan cadenas de polvo y sonrisas que muestran más allá de vuestros límites.

Bienvenidas a mi mundo, pequeñas.

 

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