“No me sorprende que me mires de la manera en que lo haces. Yo también lo haría si me hubieras mirado en la manera en la que lo hiciste cuando me encontraste por primera vez.”

A veces nos olvidamos de agradecer las banalidades para usted, pero las que nos mantienen vivos a cada uno de nosotros. Te digo, si quieres escucharme, que sonrías más y te quejes menos. Que saques más al perro y que mires menos la tele. Que yo quiero que salgas con falda si te apetece, con una flor en la cabeza, con dos triángulos de pendientes, y un zapato de cada color. Házlo si te hace feliz. No somos lo que dice la gente. No vivimos por ellos. Ellos son simples reflejos de nuestros traumas, debilidades, problemas y prejuicios. Te los seguirás encontrando, si amiga mía, sigues pensando lo mismo de ti, día tras día, y echándole la culpa al vecino que te dijo que ayer fuiste una puta porque fuiste tú la que le besó.

Y va y tú, lloras. Y te encierras.

Demasiado poder le diste al cliente que te despreció por ser extranjera. Y no te da verguenza que cada persona de este mundo, digo más de 7000 millones de personas, puedan derribarte con tan sólo una palabra? Y digo yo, no sería más fácil cambiar tú que a todos los demás? Y no me refiero a cambiar de personalidad, ni de apariencia ni de todo eso que pensáis, no me malentendáis. Cuando utilizo la palabra cambiar, me refiero cambiar el modo en el que te tomas las cosas. El modo en el que percibes el mundo. Los ojos con los que miras tu vida. Y el filtro con el que te juzgas a ti mismo.

Vamos digo yo. No es generalizar, ni por hacer las cosas simples. Para mi no fue simple. Sólo digo que nos comemos demasiado la cabeza por cosas tan nocivas paro tan fáciles de solucionar, que a veces me pregunto si el ser humano es víctima por naturaleza. Que hacerse el normal no tiene nada de valiente, y el señalar el diferente para excusar cualquier tipo de esfuerzo que tú no pudiste hacer por que no tuviste los mismos cojones que ella, tiene mucho de cobardía.

 

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Quiere más y pide menos. Agradece y deja de quejarte. No corras y siente el aire en tus orejas. Toca, palpa, acaricia, apreta… pero no ignores. Que yo quiero que no tengas miedo al 2+1 porque el uno siempre será de sobra. Quiero que saques la fuerza suficiente como para saber que mereces el respeto que tú pides para otros. Que nadie es más que tú, ni tú eres más que nadie. Que lo siento por decirtelo así, tan a la ligera, sin filtros ni desvíos, querida, que la vida te la creas tú. Que tienes más poder del que te piensas. Fíjate bien en lo que pides, reflexiona bien lo que deseas. Cuidado con lo que dices. Que todo se cumple, y luego vete tu a saber, como salimos de ésa.

 

 

 

 

 

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