Hay polvos y polvos. Igual que hay trabajos y trabajos. Pero al final todo depende ti.

La sociedad nos enseña que hay límites establecidos a seguir por el buen funcionamiento de la población. Hay límites impuestos para todo aquello que puedas imaginar, por que al fin y al cabo cómo dicen, si hay límites es por que después de ello, lo que hagas estará mal. Aparcando el hecho que nadie debería tener el derecho de juzgar que está bien o que está mal, los limites son impuestos para asegurar que la masa no se salga de lo establecido, y no vaya a ser que se rebelen.

Estan aquellos que respetan ésos límites, normas o reglas porque dicen buenas personas. Y estan aquellos otros que directamente sin evaluar la razón que hizo nacer esos límites, los pasan, sin preguntarse ni por qué, sólo por el simple hecho de ser y estar fuera de lo establecido. Pero los límites no deberían estar establecidos por un tercero, sino por ti mismo. Y a veces, los límites son buenos e incluso necesarios.

A veces nos perdemos por el pensamiento de salirse de la norma y ser más guays. A veces simplemente lo hacemos por querer demostrar a alguien que sí podemos hacer algo más de lo establecido. Pero y si dejaramos por un momento de pensar en los demás y empezar a centrarnos en nosotros mismos? Quizás la pregunta no sería si ésto está bien o mal, si no si éste límite me hace bien o no. Y no es fácil ponerse límites. Hay gente que por la falta de reconocimiento en su infancia tienen una necesidad constante e irrevocable de siempre hacer más y mejor. La autoexigencia, el perfeccionismo y la instatisfacción siempre van cogidos de la mano. ¿Pero cómo saber hasta qué punto es bueno para nosotros mismos dar siempre el máximo e incluso más de nuestras posibilidades?  Si no llegamos a saber por nosotros mismos cuándo nuestra propia alarma de estrés se activa porque estamos más conectados con las apariencias y la autosuperación, otros lo harán. E aquí el problema. Te vendes inconscientemente la moto de que tú si puedes, que todo esto para ti no es nada, que tú eres capaz y que todo éso que te piden puedes hacerlo. Y claro que puedes hacerlo, y que nunca te digan lo contrario. La otra cara de la moneda es que si de verdad es necesario hacerlo. Si por la misma razón, ésto es benéfico para nuestro cuerpo.

oxidado

Pensamos que el abuso, el maltrato, la autoridad, y la presión vienen de fuera. No se equivoquen, todo está en nuestras manos, todos es un reflejo de nuestros propios límites y nuestras propias carencias. Ésto no quiere decir que no nos vayamos a topar con gente o situaciones en las que nuestro estrés aumente por que si, ésto es inevitable. En cambio, lo que si tenemos el poder de hacer es decidir si queremos tener estrés o no. Es muy fácil estar estresada por que así tienes la excusa para hablar mal sin explicaciones, para córrer y empujar, para comer poco e incluso para pedir más. Y todo por que “es que estoy estresada, en mi trabajo me explotan”. Bien pues te diré una cosa. Eres un juan palomo más, tu te lo guisaste y ahora te lo comes.

La alarma interna sonó hace unas semanas, y supiste que el rojo en tus ojos, el morado en tus ojeras, y el verde en tu mente, según tu codigo de sentimientos, significa stop. Stop tu y tus exigencias. Stop tu y tu constante necesidad de demostrarte que puedes con todo. Ya lo saben y supuestamente tú también lo sabes, pues entonces a quien quieres convencer? Quitémonos el piloto automático de la pastilla roja. Quitémonos el protocolo de trabajo igual a estrés, valor igual a esfuerzo y resultados igual a inteligencia. Di no. Y no te preocupes. Decir no, no es nada malo.

 

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