Hay días grises en los que la conspiración no demostrada del mundo decide meterse en tu cabeza y hacerte creer que hoy, todo va mal. No sé, creo que sabes de qué días hablo. Fuera hace frío, y dentro, no habrán suficientes prendas para abrigarte. Te duele la espalda y el cuello se te desmonta. La cabeza arde diciéndote a gritos silenciosos que por hoy, ya está bien. No te sorprendas tampoco si todo lo que hagas en el trabajo, no te salga bien. Para no negar la ley que rige el día de hoy, la tecnología no funciona, el ordenador va lento, el móvil se va en huelga y ademes te olvidaste la comida en casa. Ni si quiera hay gravedad que valga, hoy las cosas toman su propias decisiones y la mayoría se decantan por querer caer de tus manos. Además, mojan más las gotas que se acumulan en tus ojos que la lluvia que hoy el cielo, ha dejado caer.

Vamos, yo creo que tú me entiendes. Seguramente tú, ya hayas pasados por éstos maravillosos días.  Pero probablemente cada una tenga una manera de llevarlos a cabo. Tú, seguramente, saldrás, con cualquier excusa de adquirir algo innecesario, ya que la excusa del perro no te sirve, para inhalar uno de esos de los que te calman. Posiblemente, escucharás una de esas canciones que nos hacen volar y decidirás no enfadarte, crear tu tienda de campaña en el sofá y no levantarte de ahí hasta previo aviso del sol, anunciándote el nuevo dia.

Yo sin embargo, suelo resistirme más a la calma. Suelo permitir, sin querer, que los nervios hagan un jaque mate a mis endorfinas provocando furor en mis venas y acelerando el que manda. Seguramente derramaré algunas lágrimas de rabia por no haber conseguido controlar éste calentamiento interno, y me encerraré bajo llave con mis libretas y ahí, explotaré con mi libertad, sin que nadie lo vea, sin que nadie lo sepa.

Qué fácil seria si pudiera tocar tu mano. Qué fácil sería si pudira acercarme con una sola llamada. Qué fácil seria si estuvieras aquí, joder.

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Que tú y yo sabemos hacerlo. Sabemos hacerlo todo y si no, nos sentimos absurdas, pero absurdas juntas. Que mis problemas cuando estás tú se cagan de miedo, por que tenemos soluciones a rebentar y si no, nos las inventamos. Que mis ataques de ansiedad salen corriendo cuando te ven llegar. Que mis pupilas bailan por tu presencia y mis dolores se escurren cuando me tocas. Que cuando tú y yo estamos juntas, todo va mejor.

Me gustaría tanto tenerte cerca.

No culparé tu inocencia por lo querido, ni la distancia por los kilómetros. Porque yo así lo decidí. No creo que sea cuestión de distancia por que ¿sabes qué? Me basta con pasar algunos minutos pensando en cuando la playa era nuestro lugar favorito. Me basta con quererte, con que me quieras de ésa manera en la que lo haces. Me basta con tu sonrisa mensual, y tus abrazos cargados de energía.

Mi día ya no es tan malo desde que empecé a escribir y me di cuenta de la suerte que tengo de tener una de esas personas que todo el mundo busca una vez en su vida. Ésas personas que paran el mundo por ti. Ésas personas que no se avergüenzan de liberar una lágrima por la alegría ajena, con orgullo y admiración de lo que juntas, hemos creado. Ésa persona eres tú.  

Sé que sabes lo que vales, pero ojalá te quisieras como yo te quiero a ti.

Mis gracias son nuestros encuentros. Mi agradecimiento son mis palabras, y mi aprecio nuestras libretas.

3

Léetelo cuando ya no puedas más y acuérdate de que las aventuras no escritas son las que más valen. Que wasi siempre será wasi y te prometo no dudar jamás ni un sólo momento cuando me pregunten quién estuvo ahí. Prometo repetir una y otra vez las cuatro letras de tu nombre, una y otra vez hasta que no tenga más saliva.

Soluciones hay muchas, y amigas otras tantas más. Como tú pocas, pero lo que pasa cuando estamos juntas, ajá, mejor no te digo la respuesta, no vaya a ser que se copien la receta.

Veintitrés sonrisas, amiga, por ti. Conmigo, y cerca, tan cerca que pueda sentirte, cómo lo estoy haciendo ahora.

 

Fotografía1: Jan Brown Berkeley, CA 1973

 

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