Prometo que pensé que lo llevaba mejor. Tan directo, tan seco que olvidé que el tren tardaba más de lo normal. No son ellos, soy yo y tu el portador de la palabra. No es la situación, es el grado de dificultad en la que ese cigarro encedido a quemado mis partes más débiles. Y claro que no tenias la intención, pero de intenciones no vivo.

No quiero juzgar tan fácilmente, es más, lo evito por mi propio bien. Pero me quema la sangre cada vez que mis soldados se meten en alerta. Me tiembla la torre reina por miedo a ser destruida otra vez, joder, con lo caro que me cuesta el poner piedrecita a piedrecita.

¿Que qué tendrías que hacer? No me lo preguntes a mi, que aún dependo de la sabiduria mensual de un señor. ¿Que no pretendias hacerme daño? Lo puedo llegar a entender, pero cuando le transmito ese mensaje a mis arterias, me sacan el dedo, cómo que qué inocente te has vuelto otra vez. Duele, y me gustaría que no lo hiciera. Me has dolido, y me hubiera gustado que te lo hubieras ahorrado.

El problema es el que puedas entrar en mi lista negra. Que tengas que recorrer a partir de ahora el mismo camino que recorren aquellos que un dia me hicieron llorar. Y soy consciente de ello y por eso intento no hablar. Por eso escribo, para no engordar ésa lista porque ya rebienta las paredes que la cubren, y me inunda de veneno todo aquellos que intento construir con sonrisas y fuerza diaria.

Hay que ver que pena, por ti digo, que sea tan fácil llegar a mi de ésa manera. Y tienes razón, no te lo voy a negar, que menuda sabia de pacotilla aquella que se deja machacar sin ningun tipo de estrategia prévia. Pero tú tienes el pase VIP, no pasas por los mismos laberintos que los demás. Tú tienes ése poder, y no porque te venga dado si no por que yo te abrí mis puertas más temidas. Pero te las abrí con condiciones que sin querer, no has sabido respetar. Yo no hago las cosas sin sentido, yo no creo cosas sin una razón base y es por eso que es tan importante escucharme cuando te enseño mi libro de instrucciones. Y si, lo siento, lo tengo, es mi mochila desde hace unos años y te puedo jurar que más que me pesa a mi no le pesa a nadie.

Lo que te pido, y ésto lo hago desde el más dolido por el momento, és que me escuches y que no te vayas. Que no me tengas miedo cuando mis ojos se enrogecen por sobredosis de ira y traición. Que no me toques, pero que me roces con tus palabras sútiles que tienen que tener como claro y único objectivo de calmarme. Que busques mi mirada y mi atención y no me dejes irme al campo de batalla que frecuenté tanto hace unos años. Por que si te descuidas y me dejas perderme allí, te aseguro que no me reconocerás y posiblemente, a mi pesar, te doleré.

Háblame y répiteme que éso ya terminó. que las cosas cambiaron y que todo está en mi historial. Que mi historial no es mi presente y que no tendría que tener tanto poder sobre mi. Las cosas injustas están a la orden del día y más cuando soy yo quien las crea y elige. Cúbrete de amor para dirigirte a mi. Ármate de paciencia y susurrame que todo pasó. Házlo de una vez por todas por que yo, ya no puedo.

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