Ahora que quiero morirme, no puedo hacerlo tranquilamente. Ahora que ya no quiero más, me piden que continue.  Los papeles se invierten y ahora me pedís que me calme, y que crea. Que sea paciente y que pida. Que acepte y que al menos, sonría un poquito, porque todo pasa. Pero no quiero que pase, quiero que se termine. 
Sonríe para vivir, aprende lecciones, caete y levántate tantas veces como necesites, se consciente de las trampas emocionales, conoce tus límites,  aprende, aprende, aprende, disfruta por el camino, y sigue aprendiendo, y cae, y levántate y sonríe,  espera la calma y crea tu propio futuro. Aléjate de lo tóxico,  sube tu vibración,  evita el miedo, el rencor, el orgullo y se positivo, sobre todo positivo.

Sufrí hasta padecer por mi alma, sonreí hasta mover energías enteras, me caí tantas veces que me hice un cayo y ya no duele. Incluso construí una casa ahí abajo, del pozo, para cuando la depresión se alarga. Pero me levanté, y me levanté tantas veces que ya le he cogido el gustillo y ya no me motiva más, ya no es novedad. Conocí, créé y caí en trampas emocionales, y vaya que trampas. Fui la reina de ellas, y luego ellas me comieron a mi. Me limité, los pasé, me volví a limitar y así hasta que ya no tuve motivo para delimitar mi campo de aspiraciones, ni siquiera mis emociones encontraron impedimentos a la hora de expandirse hasta donde ellas creyeron conveniente. Estuve en tormentas de palabras, de emociones, de energías y de egos y siempre vino después la calma. Calma que nunca me gustó por obligarme a conformarme con aquella falsa tranquilidad temporanea que cautivaba mis sentidos y mis ganas de cambiar y avanzar.  Que si, que luché con el miedo y me derrotó. Me derrotó hasta que me tomé una copa con él y le dije lo poco que haría en mi vida. Que si, que intente ser positiva, que lo fui, que aunque nunca entendí cómo subir mi vibración conseguí sentir amor en Estados puramente crueles y eso me salvó de otros tantos traumas permanentes. Que me alejé de ellas, de él y del otro. Que me alejé tanto física como emocionalmente incluso de mi, para poder verme desde arriba. Incluso me perdoné.

Ahora que creo en todo lo que predico, ahora que veo la veracidad en mi rostro cuando pido y obtengo, ahora que soy, que soy quien quiero ser, ahora que siento, ahora que me siento, quiero irme. Quiero irme y desaparecer, correr y renunciar. Abandonar y romper. Partir y morir. Déjenme hacerlo, y demostrádme que no era lo que quería,  para ver si de alguna vez consigo darle sentido a aquello que siempre he estado buscando y que ahora, sin querer, tengo. 

– Quiero morirme.

– No digas tonterías.

– Si me quieres déjame morir.

– Hábertelo pensado antes de quererme.

– No podrás controlarme siempre, me tiraré por un puente.

– Vale, te dejaré morir, pero de la manera más lenta y más valiente que conozco: 
… aprendiéndote a vivir.

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