Y así fue. Tan fácil e inconfundible como la vida misma, como yo misma. Así fue de fugaz, imprevisible, impulsivo e imparable. Vino, llegó. se estableció y me movió. La fuerza, digo. La fuerza que me hizo hablar, expresar y hacer consciencia. Seguramente tenia ya cierto cosquilleo dentro de mi desde hace bastante tiempo, no se cuánto y poco importa, sin embargo, ese cosquilleo intermitente, cediendo la palabra al ser para que de vez en cuando me diera una bofetada, fue el que me condujo a la explosión inminente de llanto y aceptación de la rendición.

Bendita explosión pues, que me hizo, de una vez por todas, querer escucharme, dejar escucharme, con atención, para ver y darme cuenta de quién era, dónde iba y si realmente quería/sentía éso.  Hay veces que a ésta vocecilla interna le cuesta trabajo escalar todas las montañas y cruzar todos los ríos hasta salir y que tú la escuches. No porque las montañas sean abruptas, ni porque los ríos tengan marea complicada, sino porque hay mucha niebla, muchísima niebla espesa que no te deja ver bien el camino y por mucha energía que tenga para continuarlo, hay veces que se siente obligada a pararse, y esperar a que pase un poco.

Niebla? Ruido? Llámalo como quieras, hablamos de los pensamientos.

[…]

Cuesta trabajo derrotarlo, al ego digo, cuesta trabajo dejarlo a un lado y dejar hablar a otros actores. Cuesta trabajo porque es muy goloso, muy inteligente, y sabe jugártelas. Y me la jugó, y lo que puedo sacar de ahí es que de ésa manera, seguro que no me la volverá a jugar, aun que tenga otras mil y una para volver a engañarme. Goloso de reputación e imagen, goloso de posesión y habladurías, de escaparates y realidades aparentes. Complicado de parar. Complicado de saber sintonizar bien la radio y escuchar al que se tiene que escuchar.

***

No pensé que acabaría así.

Tampoco pedí cómo acabar.

La verdad es que se me olvidó, consciente mente, pedir cómo continuar.

Y qué bien me supo. Por que lo mejor de todo es poder saborear el azahar. Poder palpar con tus manos la incertidumbre del qué será, qué pasará y dónde iré. El baile de posibilidades ya no en tu cabeza, sino en tu ser, que te van mostrando todos los posibles caminos que tú y sólo tú podrías escoger, y que sólo uno, ahora, puedes elegir. Pero no te equivoques, no eliges un camino en un único sentido, no eliges un destino limitado, preparado y cerrado. No eliges pack completo con compra ticket y devolución, si al final del día no cumplió mis expectativas. Eliges la dirección de tu mirada, eliges la inclinación de tu energía hacia algo que te siente mejor, no que te venga mejor, que te siente mejor. Con la inclinación de tu energía y la dirección de tu mirada bien coordinadas, puedes empezar a caminar, recordando que el camino no está hecho. No está hecho. Está por hacer, y eso, amigos míos, es lo más chulo de la vida.

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